ERGUN İŞERİ
ESCRITOR • TURQUİA
Durante toda la historia de la humanidad, se han observado diversas manifestaciones de duelo ante acontecimientos que han tenido un impacto significativo en la vida y han provocado la pérdida de vidas humanas.
El luto se manifiesta a través de diversos rituales en casi todos los continentes. Con el paso del tiempo, las religiones y creencias han ido transformándose gradualmente en nuevas formas que abarcan estos rituales, o los antiguos rituales se han convertido en parte de nuevas creencias.
En la actualidad, los procesos de luto derivados de una pérdida se han convertido en un campo de especialización en diversas subdisciplinas de la psicología y la sociología.
”Diversos autores definen el concepto de luto en su definición más general de la siguiente manera: „un estado de dolor intenso y prolongado tras una pérdida“ (Özkan & Özel, 2020)
Esta es una definición que se puede aplicar tanto a nivel individual como social. De hecho, el luto que consideramos individual a menudo implica a un grupo que puede ir desde unas pocas personas hasta docenas de personas.
En términos de traumas sociales y el luto experimentado como resultado de estos traumas, Turquía tiene una larga historia y una amplia experiencia. La destrucción y el derrumbe provocados por las guerras libradas contra los distintos países, especialmente durante el último siglo del Imperio otomano, dieron lugar a migraciones a gran escala y a la pérdida de vidas humanas. Durante el mismo período, con la influencia del auge de los movimientos nacionalistas, apareció un ambiente de guerra civil en casi todas las zonas, desde los Balcanes hasta Arabia. Numerosos crímenes contra la humanidad fueron cometidos por gobiernos y grupos sociales, incluyendo el asesinato de muchas personas, la migración forzosa, la conversión forzosa a otra religión, la confiscación de propiedades y la violación.
Muchos sucesos o conflictos que afectan a toda o parte de la sociedad, incluyendo los que surgen de creencias religiosas, orígenes étnicos y diferencias de opinión, así como los asesinatos en el lugar de trabajo y los femicidios, se han convertido en traumas sociales.
Casi todos los días se suman nuevos traumas sociales a los que llegan desde el pasado hasta el presente.
¿Qué es el derecho al luto?
“Cuando hay una pérdida, debemos llevar luto. Cuando emigramos, perdemos tiempo, perdemos a nuestra familia, perdemos árboles, perdemos gatos. Cuando muere una madre elefante, el padre elefante y los elefantes bebés no pueden separarse inmediatamente de la elefanta muerta. Se quedan esperando, dando patadas, como si la elefanta muerta fuera a volver a la vida. Se marchan pasadas 3-4 horas. Incluso los animales experimentan un estado de luto por la pérdida.” (Volkan, 2016)
En cuanto a las principales religiones del mundo, el luto viene siendo algo importante en casi todas. Mientras que en algunos casos se limita a unos pocos días, en otros es un proceso que se prolonga durante años.
Teniendo en cuenta todo esto, es una opinión ampliamente aceptada que el luto es parte integrante de la historia humana o de la humanidad, y se ha convertido en un derecho indispensable y legítimo para todo ser humano.
Incluso contemplado únicamente desde la perspectiva de la fe, podemos afirmar que el duelo es un derecho humano fundamental dentro del ámbito de la „Declaración Universal de los Derechos Humanos“. (İnsan Hakları Evrensel Beyannamesi)
En conclusión, el duelo puede definirse como un derecho humano fundamental.
¿Cuáles son las condiciones que impiden un auténtico derecho al luto en Turquía?
En la actualidad, el luto se practica generalmente en forma de rituales religiosos. Puesto que la mayoría de la población de Turquía se considera musulmana, es necesario abordar la cuestión principalmente desde una perspectiva islámica.
Desde una perspectiva islámica, el planteamiento del luto se ha venido interpretando de la siguiente manera, según la doctrina formalizada por el Consejo Superior de Asuntos Religiosos de Turquía:
“Es normal que una persona se sienta triste, llore la pérdida y se entristezca por la muerte. De hecho, no hay nada de malo en expresar el dolor, llorar en silencio y derramar lágrimas.
Esta apreciación se justifica mediante ejemplos de la vida y las palabras (Hadiz) del profeta Mahoma. El Consejo también señala en su interpretación que Mahoma lloró la muerte de sus propios hijos y nietos, pero también dijo que no era apropiado resistirse a la voluntad de Alá ni lamentarse y desgarrarse las vestiduras, como era costumbre en la sociedad árabe preislámica conocida como el período „yahilía„. (Din İşleri Yüksek Kurulu)
Pese a esta delimitación religiosa, los rituales de luto en la sociedad árabe contemporánea presentan similitudes con las costumbres de la era „yahilía“ en cuanto a las reacciones que muestran ante la pérdida. Mientras que las reacciones de las personas ante la pérdida son totalmente exclusivas de cada uno, también destacan como patrones de comportamiento social aprendidos y adquiridos. Puede que algunas formas de luto y algunos comportamientos sigan siendo tan fuertes que perduren a pesar de las normas que se pretenden imponer.
También varían de una sociedad a otra las reacciones que se producen ante los traumas sociales, o las formas de luto social.
Las distintas comunidades que conviven en un mismo país pueden tener diferentes planteamientos del luto o, en términos más generales, del luto social. Dichas diferencias también pueden dar lugar a reacciones de aceptación y rechazo entre las comunidades.
Especialmente en las sociedades que han experimentado una „guerra civil“, es posible que un acontecimiento traumático para una comunidad tenga un significado diferente para otra. En algunas sociedades tras las guerras civiles, el „olvido“ predomina entre quienes causaron el trauma (los agresores). No obstante, sin que se haga „justicia“ tanto para los agresores como para las víctimas, el olvido que se produce o se pretende producir „resurgirá más tarde y a menudo estará lleno de resentimiento“. (Traverso, 2021)
Desde el punto de vista de quienes forman la comunidad, el trauma se aborda principalmente a través de la solidaridad y la acción colectiva entre los miembros de la comunidad. Esto constituye un área de conflicto entre quienes causaron el trauma y quienes lo sufrieron, es decir, quienes desean llorar su pérdida.
Estos conflictos se han observado en diversas ocasiones entre grupos religiosos, étnicos, políticos y de clase.
Turquía tiene una „rica“ colección histórica de traumas sociales y mantiene su continuidad con traumas recién añadidos.
Basándose en las experiencias de diferentes países, uno de los pasos importantes para superar los traumas sociales es la „confrontación“. Afrontar el pasado „garantiza la curación no solo de las víctimas, sino de toda la sociedad“. En caso contrario, „la inseguridad se arrastra de generación en generación en forma de transmisión entre-generaciones, conflicto de identidad y alienación social“. (Karatay, 2025)
Las políticas adoptadas por los gobiernos en respuesta a los traumas sociales experimentados en Turquía suponen un obstáculo importante para el luto social y la capacidad de la comunidad para afrontar el trauma de manera saludable. Esta situación ha pasado a ser un factor que complica tanto la superación del trauma como el proceso de luto.
Las políticas de „demonización“ de los poderes fácticos hacen que las comunidades que intentan superar el trauma mediante el luto sean objeto de ataques y, a menudo, incluso „criminalizadas“.
Está ampliamente aceptado que el acceso a la justicia es un elemento importante del luto. El juicio justo y el castigo de los responsables del trauma son un paso importante en el proceso de sanación. No obstante, la actitud de los gobernantes y sus partidarios avanza en la dirección opuesta. La falta de justicia, la imposibilidad de llevar a los responsables ante la justicia, o la imposición de penas reducidas, e incluso la culpabilización de las víctimas en la mayoría de los casos, agudizan aún más la polarización de la sociedad.
De este modo, incluso el luto social se considera un delito y se toman medidas para impedirlo. Uno de los ejemplos más típicos en Turquía son los ataques contra las Madres de los Sábados. Las Madres de los Sábados es una acción conmemorativa y un llamamiento que realizan cada sábado los familiares de las „personas desaparecidas“ que cuestionan el destino de sus hijos, desaparecidos bajo custodia tras el golpe fascista del 12 de septiembre de 1980. En este sentido, se observa una clara política estatal, que se refleja en los registros de la Comisión de Investigación de la Gran Asamblea Nacional de Turquía (TBMM), pues casi todas estas desapariciones son consecuencia de la tortura y el asesinato de personas con ideas socialistas e izquierdistas detenidas, o de su secuestro y ejecución. Puesto que el Estado es el responsable de crear el problema, indagar sobre el destino de los desaparecidos y llorar su pérdida se considera un acto contra el Estado y, a menudo, las fuerzas policiales lo reprimen violentamente.
Otro ejemplo ilustrativo es lo que ocurrió tras los atentados con bomba cometidos el 10 de octubre de 2015 en una manifestación organizada en Ankara a instancias de los sindicatos para protestar contra el intento del Gobierno turco de intervenir militarmente en Siria. (Cumhuriyet Gazetesi, 2015)
Los responsables del atentado eran miembros de una organización que se autodenominaba Estado Islámico (antes conocido como Estado Islámico de Irak y Siria), que ocupaba partes de Irak y Siria, asesinaba a cualquiera que no compartiera su ideología y había sido designada como grupo „terrorista“ por las Naciones Unidas y casi todos los países del mundo.
El Estado fracasó en tomar las medidas de precaución adecuadas a pesar de disponer de información sobre el ataque planeado y como resultado de este ataque bien organizado, 103 miembros de sindicatos y partidos políticos que se preparaban para una marcha frente a la estación de tren de Ankara perdieron la vida y decenas más resultaron heridos.
Después del incidente, la selección de fútbol de Turquía guardó un minuto de silencio en honor a las víctimas antes de salir al campo para jugar contra Islandia en la ciudad de Konya. En el estadio con capacidad para 42 000 espectadores, este minuto de silencio fue recibido con protestas. Se corearon eslóganes casi en apoyo a los atacantes. (Diken, 2015)
Los medios de comunicación afines al Gobierno, sin embargo, publicaron informes que ignoraban a los autores del ataque y presentaban como agresor a un partido político tildado de „separatista“. (Tunçay, 2017)
Puesto que el atentado del 10 de octubre no se juzgó de forma que se aliviara la conciencia de la sociedad (encontrando y castigando a los autores), sigue siendo un trauma social que persiste en la memoria colectiva y se sigue recordando mediante conmemoraciones anuales.
El luto como campo de batalla político – métodos contra la impunidad absoluta
Los traumas sociales experimentados en Turquía y los procesos posteriores también han afectado a los procesos de luto social, especialmente en lo que respecta al acceso a la justicia.
Todos los incidentes que los poderosos intentan encubrir, ocultando sus conexiones con partidos políticos o grupos dentro del poder gobernante o los órganos estatales, provocan naturalmente una respuesta en la sociedad, lo que da lugar a actos de solidaridad y rituales, y a una renovada búsqueda de justicia.
Con independencia de la forma de la pérdida social, incluso la más mínima conexión con las políticas del Gobierno suele dar lugar a intentos de invisibilizar el trauma y el duelo posterior y de castigarlo con una especie de „ley del enemigo“, como se ha mencionado anteriormente, y que es un fenómeno frecuente en la historia de Turquía.
Solo enumerar los ejemplos e intentar contar sus historias requeriría páginas y páginas de trabajo.
Todos los traumas sociales, ya sea el derrumbe de una mina, una inundación o un terremoto, en los que la responsabilidad recae en cierta medida en el Gobierno o sus partidarios o en sectores protegidos por el Gobierno, se enfrentan a medidas implícitas o explícitas por parte de las fuerzas estatales.
En algunas masacres, los autores huyen y quedan impunes o reciben condenas leves en los juicios y son puestos en libertad. En algunos casos, los condenados por los tribunales son posteriormente „absolvidos“ mediante la creación de nuevos delincuentes. El ejemplo más típico de esto se vio en el juicio por la masacre de Kahramanmaraş de 1978.
Esta situación perjudica especialmente a las minorías religiosas y étnicas del país, así como a las organizaciones políticas o ideológicas o a las personas consideradas „enemigas“ de la ideología dominante.
Independientemente del tipo de trauma social, en todos los incidentes que entran en conflicto con las autoridades o la ideología dominante, el luto por las víctimas puede adoptar una forma „política“, aunque esto no tenga nada que ver con sus propias intenciones.
La búsqueda de las personas desaparecidas, la exigencia del funeral de un ser querido y la demanda de que se encuentre y se lleve ante la justicia a los autores implica una lucha contra el mecanismo estatal de las autoridades y las administraciones.
Retomando el ejemplo de la masacre del 10 de octubre en la estación de tren de Ankara, los actos conmemorativos anuales (luto) suelen ser objeto de prevención por parte de las fuerzas de seguridad y del uso de violencia física y excesiva.
Por lo tanto, los procesos de luto social se combinan y se viven junto con la lucha política.
La estrategia de „la memoria humana está sujeta al olvido“ o neutralizar el impacto de los desastres mediante la manipulación, la desinformación y la polémica – la lucha por el control absoluto de la agenda
En casos de trauma social, los poderes gobernantes suelen utilizar los medios de comunicación (en la Turquía actual, casi el 90 % de los principales medios de comunicación están bajo el control y la gestión directos de los poderes gobernantes) para culpabilizar a quienes han sufrido traumas o han sido víctimas, o para desviar la atención hacia la delincuencia o los delincuentes, lo cual es un método muy utilizado.
El uso generalizado de las herramientas y aplicaciones de las redes sociales, moldeado por las tecnologías de la información, se ha convertido en un factor decisivo en la contaminación de la información o en la orientación engañosa.
Irene Khan, Relatora Especial de la ONU sobre la Libertad de Opinión y de Expresión, hace la siguiente observación en su informe de 2021; (Leidel, 2024)
„La tecnología digital ha hecho posible que diversos actores creen, difundan y amplifiquen información falsa o manipulada a una escala, velocidad y alcance sin precedentes con fines políticos, ideológicos o comerciales.“
En el mundo contemporáneo, donde incluso las elecciones pueden ganarse utilizando tales métodos, los delincuentes pueden ocultarse, la sociedad se desvía de su rumbo y las víctimas pueden convertirse fácilmente en perpetradores.
Hannah Arendt mencionó lo siguiente en una entrevista en 1974; (Leidel, 2024)
“Si todo el mundo te miente siempre, el resultado no es que tú creas las mentiras, sino que ya nadie cree nada. …
… una sociedad que ya no cree en nada no puede tomar decisiones. Carece no solo de la capacidad de actuar, sino también de la capacidad de pensar y juzgar. Y se puede hacer lo que se quiera con una sociedad así.”
Esto es, en cierto modo, lo que quieren los gobiernos y las estructuras políticas dominantes. Crear una sociedad formada por personas que puedan hacer lo que les dé la gana. Al mismo tiempo que se crea esta sociedad, también se establecen las condiciones deseadas para impedir que las víctimas de traumas sociales ejerzan su derecho al luto.
„Una sociedad injusta es dura y cruel con quienes han sufrido pérdidas a causa de un delito. Tal sistema es tan exigente que espera que la víctima no busque justicia por el delito cometido. Resulta incoherente con la reivindicación de ofrecer justicia. Puede dar la impresión de ser fácilmente perturbable y dispersable, ya que es incapaz de mantener el orden, lo que genera una sensación de inseguridad“. (Köşkdere, 2025)
Se erige una barricada contra quienes desean llorar su pérdida, no solo a través de los medios coercitivos del Estado, sino también a través de las reacciones o la falta de reacciones de las masas bajo la influencia de la hegemonía del poder.
La rendición de cuentas de los funcionarios públicos a todos los niveles como requisito previo para el auténtico derecho al luto
La justicia viene siendo un concepto controvertido desde los filósofos de la antigua Grecia. No ha sido definida completamente desde una perspectiva jurídica.
No obstante, la justeza de las decisiones de los tribunales implica que se dictan „de conformidad con una norma o un sistema de normas específicos“. (Güriz)
Las sociedades no sólo buscan justicia en las sentencias de los tribunales, sino también en las acciones de los gobiernos.
El concepto de impunidad, que ahora se escucha con más frecuencia, se usa en relación con „las violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos cometidas por agentes que el propio Estado ha creado o tolerado, o que son consecuencia de la falta de supervisión del Estado y sus instituciones”. (Hafıza Merkezi, 2011)
En nuestra historia reciente, la impunidad se ha convertido en un problema prominente. Cada vez es más evidente que los autores que son detenidos son delincuentes reincidentes que ya han sido detenidos y juzgados por el mismo delito anteriormente, y que han recibido condenas leves o han sido puestos en libertad condicional anticipadamente, y esta situación socava la confianza de la ciudadanía en la justicia.
Una declaración firmada y publicada por casi todos los colegios de abogados de Turquía hace la siguiente observación: (İstanbul Barosu, 2024)
“Especially in recent times, the revelation that the perpetrators of crimes that have caused outrage in society and been reflected in social media and news reports had previously been convicted of one or more crimes has reinforced the perception among the public that convicts do not receive sufficient punishment and that their actions go unpunished.”
Ya hemos afirmado anteriormente que es el gobierno quien crea el problema de la impunidad. Continúan actuando así, por un lado, mediante reformas del sistema penal (destinadas a vaciar las cárceles) y, por otro, mediante los métodos que realmente aplican para proteger a sus partidarios.
La normativa jurídica que exigía a los fiscales y jueces rendir cuentas por sus decisiones fue abolida en 2011 con el fin de crear un „poder judicial bajo la autoridad del poder gobernante“. De esta manera, los fiscales y jueces que llevaban casos y dictaban sentencias en consonancia con los deseos del poder gobernante quedaron bajo protección.
En los últimos 20 años, todas las instituciones estatales de Turquía han quedado bajo el control del poder gobernante. Dicho de otro modo, se ha establecido un Estado partidista, y los partidarios del poder gobernante han descrito esta situación como una revolución. El partido gobernante (y sus socios), que afirman oponerse al régimen de tutelaje, han colocado todas las estructuras que deberían ser autónomas e independientes directamente bajo su cadena de mando.
Bajo esta estructura, el poder judicial comenzó a tomar decisiones no de acuerdo con la ley normativa, sino de acuerdo con las decisiones y exigencias del partido, de forma similar al régimen del Tercer Reich en Alemania entre 1933 y 1945 (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei).
Tanto si se trata de un asesinato en el lugar de trabajo como de un atentado con bomba, el funcionamiento del sistema judicial de esta manera conduce inevitablemente a que el trauma que sufre la sociedad se agrave aún más, lo que da lugar a exactamente lo contrario del proceso de curación que se espera durante el luto.
La „justicia“ carece ya de sentido en circunstancias en las que un fiscal que instruye un caso que el Gobierno desaprueba, o un juez de cualquier nivel que dicta una sentencia que el Gobierno desaprueba, es expulsado de su cargo.
El primer paso para eliminar esta irregularidad es un cambio legislativo que haga a los jueces directamente responsables de sus decisiones, tal y como ocurría antes de 2011.
El segundo paso es eliminar el requisito de la aprobación del Gobierno para procesar a los funcionarios públicos. Todos los funcionarios públicos que participen en actos y procedimientos ilegales deben ser llevados ante un poder judicial „independiente“. La clave aquí es la independencia del poder judicial. En caso contrario, dentro de un poder judicial que ha perdido su independencia, un funcionario público puede seguir enfrentándose a sanciones a través del sistema judicial por parte del Gobierno o sus partidarios simplemente por actuar de acuerdo con la ley.
El derecho a resistir en condiciones en las que se impide el derecho al luto
El concepto del „derecho a resistir“ en los ámbitos jurídicos y políticos tiene una larga historia. El derecho a resistir se ha recogido en muchos textos fundamentales como parte del concepto de derechos humanos, que surgió especialmente a partir de principios del siglo XVIII.
Por supuesto, el tema principal del concepto son los conflictos entre los gobiernos y la sociedad. Se ha empleado para expresar la defensa de los derechos del pueblo frente a regímenes opresivos y el esfuerzo por cambiar dichos regímenes.
En el pensamiento político y jurídico islámico existen dos tradiciones principales. La primera exige obediencia absoluta al gobernante (califa o imán). La segunda, por el contrario, considera necesario resistir (rebelarse contra) el régimen opresivo y no islámico y cambiarlo. No obstante, se puede decir que adoptaron una postura bastante cautelosa con respecto a la resistencia y al cambio de régimen, en particular la escuela hanafí (teniendo en cuenta sus experiencias). Si la sociedad no tiene los medios para cambiar el gobierno, entonces se debe evitar la resistencia.
En concreto, se requieren dos elementos fundamentales para que la resistencia se considere un derecho en la ley: o bien debe derivarse de la ley, o bien la autoridad que ejerce la opresión (el gobierno) debe haber perdido su legitimidad. No cabe duda de que la opresión no puede definirse únicamente como la perpetrada por quienes ostentan el poder; la opresión de la mayoría contra la minoría también puede ser motivo de preocupación. En tales circunstancias, lo que se espera de un Estado regido por la ley es que garantice la protección de los derechos de todos. Si no se hace un esfuerzo en este sentido, la víctima se enfrentará a una doble carga. Turquía ha experimentado y sigue experimentando numerosos ejemplos de ello.
Cuando enfocamos el derecho a resistir desde la perspectiva de las normas jurídicas, la opinión que mejor refleja el consenso general es la siguiente; (Taşkın, 2024)
„Para que la resistencia sea reconocida como un derecho, debe estar protegida por la ley o, en otras palabras, debe cumplir las condiciones protegidas por la ley“.
Evidentemente, esto puede considerarse una evaluación bastante implícita. Desde una perspectiva teórica, el derecho a resistir no ha sido definido por el derecho normativo y sus límites no han sido trazados.
Sin embargo, ni la Constitución de 1961 ni la de 1982 han considerado ilegal el ejercicio del derecho a resistir. Por lo tanto, resistirse a la injusticia y a la ilegalidad se acepta generalmente como un derecho legítimo en virtud de la ley.
La mera existencia o protección de un derecho en virtud de la ley no da lugar necesariamente al derecho a resistirse ni se traduce en resistencia. Todo esto puede configurarse en función de los juicios generales de la sociedad, las condiciones derivadas de las creencias e ideas, los equilibrios de poder y muchas otras variables.
Si observamos la historia de Turquía, han existido situaciones en las que las minorías se han enfrentado a condiciones que les impedían ejercer su derecho al luto, a pesar de estar protegido legalmente, sin posibilidad alguna de resistencia. La gran mayoría de las víctimas que aún viven en Turquía y que sufrieron ataques, desplazamientos forzados y masacres dirigidos contra judíos, cristianos ortodoxos, armenios, alauitas y kurdos no pueden o no quieren ejercer el luto públicamente.
Por otro lado, hay muchos ejemplos de resistencia para defender la identidad, la fe, las ideas y los derechos propios, incluido el derecho al duelo, a pesar de toda la opresión. Los ejemplos de resistencia que se han transformado en una fuerza que trasciende las presiones del poder gracias a su legitimidad social también están dando forma al impulso de la lucha social.
Si reconocemos el luto como un derecho humano fundamental, entonces oponerse a cualquier intento de obstaculizar este derecho es esencial para su protección.
En consecuencia, la resistencia contra la opresión se convierte en uno de los elementos clave de la lucha social. El auge y la legitimidad de los movimientos de resistencia crearán, con el tiempo, las condiciones sociales para que las víctimas del trauma social revelen el dolor que han ocultado y puedan hacer uso de su derecho al luto.
Referencias
BIBLIOGRAPHY
*El autor de este artículo no tiene formación académica en ninguna de las dos disciplinas. Este artículo se centrará en las prácticas observadas y las dificultades afrontadas, en lugar de entrar en un debate sobre las conclusiones y recomendaciones de las disciplinas mencionadas en el texto.










