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Una carta abierta escrito por Daniel Stosiek

Daniel Stosiek

6 de junio de 2021

Ad Servum Servorum Iustitiae et Amoris, Franciscum!

Palazzo Apostolico
00120 Città del Vaticano

Roma
Italia

Una carta abierta escrito por Daniel Stosiek

Le escribo en mi condición de pertenecer a la iglesia universal y estando en una preocupación en Honduras donde estoy acompañando a diferentes grupos vulnerables, que se encuentran en peligro debido a sus luchas por los derechos básicos a la vida.

Me acuerdo que Usted se solidarizó con movimientos populares e indígenas en Bolivia en el año 2015 y les alentó a las campesinas y campesinos en sus derechos a tierra, trabajo y techo, los tres T. También recuerdo que Usted escribió la encíclica Laudato si en la cual está defendiendo a la naturaleza, la criación, la tierra, al agua, la casa común de todas y todos. Y también recuerdo como Usted escribió en Evangelii Gaudium el No a una economía de la exclusión, diciendo que esa economía mata.

Y ahora me ocurre que conocí a un sacerdote en Honduras que defiende exactamente esto, y esto al mismo tiempo lo pone en peligro, el defiende a la población rural en sus derechos a la vida y defiende a la naturaleza, la casa común, los árboles, al agua, la tierra. Es el padre Florentino Hernández Bonilla, en la parróquia Nuestro Señor de Esquipulas en El Triunfo, situado en el sur de Honduras, cerca de la frontera con Nicaragua. Hace algunos años, la población rural de muchas comunidades, que pertenecen a su parróquia, expresó su preocupación por planes de la empresa Los Lirios con capital canadiense de realizar explotación minera de oro y cobre en sus tierras. El Estado hondureño dio (lamentablemente) la concesión para la empresa para explotar oro y cobre cerca de las comunidades – sin consultar ni informar a la población como debería haber hecho según las leyes vigentes en el país. En tierras cercanas ya existen experiencias muy malas con minería de oro y cobre, donde se envenenó una gran parte de la tierra, se contaminó el agua. Estas personas viven de la tierra, del agua, de las plantas y animales. El padre se ha solidarizado con ellas y ellos en su defensa de la vida. Lo que aumenta el peligro es que obviamente hay diferentes planes de privatizar las tierras y de construir llamadas Ciudades Modelo, las ZEDEs („zonas de empleo y desarrollo económico“) lo que significa que se sometería terrenos enteros a un gobierno casi privado fuera de las leyes del país y en una lógica totalmente de una economía excluyente con el fin de empujar un crecimiento económico a cuestas de la vida de la población y de la vida de la naturaleza, de la casa común a la cual se saquearía, abusaría, malversaría.

Es la historia de los años pasados hasta el día de hoy, que el padre Florentino viene defendiendo a la población de las comunidades de su parróquia en su derecho a una vida digna y de preservación de la tierra, del agua, de la vida natural. Esto incluye que alienta y empodera a la población en su resistencia contra dichos proyectos mineros y contra la privatización de la tierra, o para formularlo de forma positiva, en la preservación de los bienes comunes. El es un hombre humilde que según mi observación tiene rasgos de un profeta, porque dice la verdad sin miedo. Pero estoy preocupado por su vida porque tiene seguramente enemigos en el sistema económico-político vigente en Honduras; y en los años pasados, varias defensoras y defensores de los derechos básicos a la vida y de los bienes comunes y de la tierra fueron asesinados en Honduras, como la conocida lideresa indígena Lenca Berta Cáceres hace 5 años.

En las semanas pasadas, acompañé al padre Florentino varias veces en sus idas a diferentes comunidades rurales donde realiza el trabajo pastoral. Y allá me di cuenta que los feligreses y feligresas lo aman; esto es algo que me parece una postura totalmente adecuada porque es un sacerdote que se entrega a las comunidades.

Sin embargo hay un problema con la iglesia. El obispo de su diócesis, Guido (Guy) Charbonneau, que al parecer está apoyando las actividades de la empresa minera, removió según un decreto del año 2018 al padre de su cargo de párroco de la parróquia Nuestro Señor de Esquipulas y lo envió a otra parroquia. El padre se negó a irse. Algunos meses más tarde, en el año 2019, el mismo obispo lo suspendió por decreto del ejercicio del ministerio sacerdotal. Otra vez el padre no reconoció el decreto sino continua dedicándose a su servicio sacerdotal con mucho amor y cariño y recibiendo mucha afición por parte de las feligresías. Lo grave es que el obispo no tiene razón alguna de remover al padre de su parróquia ni mucho menos de suspenderlo del ministerio sacerdotal porque este no cometió ningún delito!

Además de eso, últimamente el obispo gestionó querellas, denuncias en contra del padre relacionadas con tal suspensión, lo que fatiga tanto a el como a la parroquia.

Por esas razones le escribo con la esperanza y pidiéndole que haga más visible la situación y la dedicación del padre Florentino Hernández Bonilla, que lo apoye y lo aprecie. Al mismo tiempo le agradecería si Usted formulase una correctio fraterna, sugerencia fraterna, al obispo Guy Charbonneau para ofrecerle la oportunidad de arrepentirse y cambiar su actitud.

En Honduras hay muchos lugares donde se violan y ponen en riesgo los derechos básicos de la población a la vida y se vulnera la naturaleze viva, como Usted diría, la casa común. Y en este caso Usted podría ayudar mucho para mantener y cuidar nuestra casa común si realizase una señal relacionada.

En Cristo (=poniendo al día las esperanzas de todas las generaciones)

Su Daniel