Daniel Stosiek – Germany
En nuestra sociedad, parece que el dinero lo decide todo. Con él se puede comprar cualquier cosa, productos y servicios, se da y se toma poder en diferentes ámbitos, etc. Pero hay que preguntarse de dónde viene el valor que se le atribuye al dinero. Es decir, el valor que se manifiesta en todo lo que se puede hacer, comprar y emprender con el dinero. Marx respondió a esta pregunta diciendo que el valor es trabajo vivo «congelado», o el resultado del trabajo vivo, es decir, del trabajo humano en general, o del trabajo «abstracto». Según Marx, este es el que crea el valor, es su fuente. Sin embargo, debemos aprender de la sensibilidad y del pensamiento de muchas personas en América Latina, especialmente de pueblos originarios, que el valor no solo proviene del trabajo humano, sino también, en gran medida, de la Pachamama, la Tierra, de lo que solemos llamas „naturaleza“, es decir, las plantas, los animales, todos los ámbitos del mundo que son creativos en el sentido de que producen algo. Tales personas suelen tener un profundo respeto por la Pachamama (como se dice en Perú y Bolivia) o el Mapu (palabra de los Mapuche, en Chile y Argentina; y muchos otros nombres…). Así como el trabajo vivo de los seres humanos, aunque es fuente de valor, se vuelve invisible en la sociedad capitalista, lo mismo ocurre tanto más con el trabajo vivo de la naturaleza (o Mapu, Pachamama…), por mucho que sea fuente de valor. Se vuelve completamente invisible, especialmente en el mundo occidental, donde desde Francis Bacon, y sobre todo desde René Descartes (aunque tales pensadores solo expresen de forma especialmente cruda lo que ha acontecido en la mentalidad general de la sociedad), la naturaleza se concibe y se percibe como muerta, como una masa inerte de átomos, moléculas, piedras, materia y movimientos, que solo se mueven por causalidad externa, es decir, por impulso externo, y ya no se consideran activos, es decir, causantes de sí mismos o reciprocamente entre sí.
Aunque el trabajo de la naturaleza se cosifique y se invisibilice como en la producción capitalista, donde ya no se percibe ni una pizca de su vida, de su emoción, sigue siendo la Pachamama, junto con el trabajo humano, fuente de todo valor, la Mapu explotada, junto con el ser humano igualmente explotado (trabajo de producción, de reproducción…). La experiencia de la vitalidad, del sentimiento en la relación con los demás seres humanos, así como con la naturaleza, es sustraída por esta, por así decirlo, que entonces aparecen como sin valor y empobrecidos, y se transfiere o proyecta emocional y espiritualmente a los productos del trabajo, así como a su generalización, el dinero, y así surge el «fetiche mercancía», la mercancía como un dios, los templos de los grandes almacenes, la ficticia divinidad del norte global. Esto también da lugar a la «religión del capitalismo».
Por el contrario, si se vive cerca de las personas y de la «Pachamama» o se solidariza con estas personas, que respetan la «Mapu» y trabajan en ella, es decir, que, por ejemplo, cultivan alimentos y al mismo tiempo conservan el respeto por la naturaleza, entonces se puede contrarrestar la inclinación capitalista, ser irrespetuoso con el capital y sentir la conexión con la naturaleza y con las personas que no se han alejado tanto de ella.
Sin duda, el dinero no es la única forma de valor, es decir, forma en la que se maneja el valor socialmente, aunque probablemente sea la más importante y la más extrema. Otras formas de valor actuan de manera más indirecta y se corresponden con lo que Bourdieu describió como otros tipos de capital, como el capital simbólico, el capital cultural, el capital político y el capital religioso. En principio, funcionan igual que el capital económico; y cuanto más capitalista es una sociedad, más se gestionan los distintos ámbitos de las relaciones comunales y sociales (de las cuales la relación económica es una) desde el punto de vista de la multiplicación del capital. Entonces, por ejemplo, los políticos ya no se preocupan por la buena vida o la justicia social entre las personas a las que representan, los representantes religiosos ya no se preocupan por el bienestar espiritual, los educadores ya no se preocupan por un saber que sea bueno para sus semejantes, los capitalistas musicales ya no se preocupan por la música que llene a los corazones, sino que todos aquellos se preocupan solamente por aumentar su propio capital correspondiente, es decir, ganar un mayor prestigio en comparación con los demás. Y estos diferentes tipos de capital que las personas adquieren y que están respaldados por ciertas costumbres sociales (por ejemplo, una persona que no ha estudiado no se siente lo suficientemente capacitada para expresar una opinión política, etc.), por muy indirectos que sean, son formas de valor; es decir, sus propietarios disponen de partes del valor que se les atribuye socialmente; y la fuente del valor es siempre la misma: el trabajo vivo de los seres humanos y de la Pachamama.
¿Cómo funciona todo esto desde un punto de vista físico? Físicamente, el valor es la disponibilidad de energías, energías sociales (según Bourdieu, el capital es la apropiación privatizada de energías sociales), concretamente, energía en equilibrio dinámico / equilibrio de flujo. La energía en equilibrio dinámico es la forma de energía presente en todos los sistemas de la autoorganización de la materia, es decir, en toda forma de vida, en las células, las plantas, los animales, los seres humanos, los ecosistemas, los contextos sociales, hasta las comunidades y los Estados. En todos estos casos, la energía fluye, está en movimiento, pero al mismo tiempo desarrolla una estabilidad relativamente grande durante largos períodos de tiempo (es decir, un estado en el que la entropía no aumenta, a diferencia de los sistemas que se dejan al azar). Sin embargo, la autoorganización y la energía en equilibrio de flujo también existen fuera de la vida inmediata, por ejemplo, en ríos y lagos, en las estrellas, que consisten en sistemas disipativos, en galaxias, etc.
Y frente a todos estos sistemas en equilibrio dinámico, podemos actuar con respeto, con amor, con curiosidad, pero también podemos explotarlos para maximizar el lucro. Hablar de «sistemas» puede sonar demasiado técnico; en realidad, se trata de formas de vida, personas, comunidades, que o bien explotamos, o bien nos vemos como parte de ellas, nos solidarizamos con ellas, relacionándonos con ellos como con nuestros semejantes.
Ejemplos: Se puede explotar capitalísticamente a a seres humanos con trabajo asalariado en fábricas. Sin embargo, también existen otras formas de división del trabajo en comunidades humanas, por ejemplo, en Perú, el Ayni (o Minka), donde los habitantes de un pueblo se ayudan mutuamente en tareas sin exigir salario alguno, de manera que todos colaboran en algún momento con sus vecinos.
Se puede explotar la tierra de forma capitalista mediante monocultivos. Por el contrario, entre pueblos mayas de Guatemala existe la costumbre de pedir perdón a la tierra por herirla al cultivar maíz y, al cabo de unos años, procurar que el bosque pueda volver a crecer en ese lugar.
El valor, que en nuestras sociedades se maneja en la forma de dinero, solo puede permanecer relativamente estable mientras las personas y la naturaleza / Pachamama / Mapu… se mantengan, sigan viviendo, porque su energía en e equilibrio de flujo es lo único en el universo que es relativamente estable a largo plazo; pero si dejan de vivir, entonces todo valor se derrumba y el dinero ya no sirve para nada.










