Por Julio C. Gambina
Fuente: Creado con IA
La relación causal entre la educación, la independencia nacional y el desarrollo de la calidad de vida en la Argentina
Resumen:
El capitalismo desde el origen difundió la práctica de la violencia en la ocupación de territorios, que desde el siglo XVI asumió la nominación de COLONIALISMO. Las luchas contra las ocupaciones y por las autonomía e independencia hizo que las potencias hegemónicas retomaron el control económico y político por otros medios, aunque siempre ejerciendo la violencia. A eso se le llamó neocolonialismo. La militarización y la ocupación territorial del presente retoma una estrategia de injerencia, dominación y subordinación, sea en Palestina, Venezuela o en Medio Oriente, amenazando a Cuba y condicionando a las clases subalternas en todo el mundo. Ello ocurre por la vía cultural, sean medios de comunicación, la educación o la manipulación de las conciencias por nuevos desarrollos tecnológicos. Es un combo asentado sobre la mayor explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes. Argentina es un ejemplo bajo gobierno de la ultraderecha y la subordinación a la política exterior de EEUU y su alianza con el Estado de Israel.
I – La violencia como una constante
El capitalismo no es un “orden natural”, tal como muchos presentan, sino producto de acciones violentas que definen la acumulación. En el origen está la violencia, no la libertad de mercado, aun cuando esta resulta la categoría originaria del pensamiento clásico en Economía Política.
La violencia se ejerce en confrontación con el régimen económico social previo. La relación colonial es producto de la universalización del régimen del capital.
En ese marco es que se presenta el “descubrimiento”, la “conquista” y la “colonización” del territorio que hoy denominamos América.
Las “metrópolis”, Inglaterra, Francia, Holanda, España o Portugal, dominaron a las poblaciones de los territorios ocupados bajo el ejercicio brutal de la violencia, modificando formas de organización económica, social, religiosa y cultural.
No se trató de acontecimientos sin conflictos ni resistencias, ocultadas en general desde la narrativa hegemónica.
El orden colonial supone al mismo tiempo la lucha anticolonial, en tanto confrontaciones violentas. Esta lucha y confrontaciones continúa hasta nuestros días y se extiende en todo el planeta.
El capitalismo se universaliza sobre la base de la violencia colonial, transformada con el tiempo en neocolonial e imperialista, imponiendo relaciones de dominación que subordinan de modo integral al país sometido.
Por eso aludimos a relaciones de dependencia de países hegemónicos en el sistema mundial, la minoría.
Al mismo tiempo se genera una mayoría de países subordinados, dependientes.
En definitiva, una totalidad entre la dominación y la dependencia, articulada con relaciones violentas.
Si bien la “dependencia” se presenta como un acontecimiento económico, tecnológico, financiero; tiene en su origen el ejercicio de la violencia, que se reproduce en hechos bélicos recurrentes en la historia contemporánea.
Hubo violencia en la expansión europea sobre África, América y Asia, incluso al interior de Europa (Irlanda, por ejemplo).
La violencia continúa en el presente en la expansión del Estado de Israel sobre Palestina, Gaza en particular. Pero también sobre el conjunto del medio oriente, el Líbano o Irán, con la asociación estratégica de la principal potencia mundial: EEUU.
Se manifiesta en América en la incursión estadounidense en Venezuela a comienzos del 2026, con el secuestro del presidente y una diputada, tanto como las imposiciones económicas en la gestión del petróleo y las cuentas externas; como las amenazas sobre Groenlandia, México o Colombia, y especialmente en el agravamiento del bloqueo a Cuba.
La expansión de las relaciones capitalistas tiene límite en las resistencias de los pueblos, escamoteada en la narrativa de los ganadores. Aun cuando crece la solidaridad popular mundial con Palestina o Cuba, el accionar violento se agudiza por medio del poder imperialista.
En la coyuntura mundial se verifica un crecimiento de la violencia y del autoritarismo político, en desmedro de las “formas democráticas” con que se construyó el imaginario de asociación entre capitalismo y régimen electoral de gobierno.
La expansión de regímenes democráticos que remiten a elecciones, aparece restringida en el presente ante la ofensiva de las ultraderechas, que agudizan la ofensiva capitalista del último medio siglo.
En efecto, ante el avance de las resistencias y la institucionalización de beneficios sociales en buena parte del mundo hacia la crisis capitalista de los 60/70, el capital organizó una ofensiva para reorganizar regresivamente el orden vigente.
Se expresó en cambios regresivos de la relación capital trabajo, con el peso represivo del Estado y un desarme de la intervención directa del mismo en la economía, con las desregulaciones y privatizaciones del capital público, junto a una reorganización de las relaciones internacionales, especialmente las que regían como normas internacionales desde 1945.
Es un proceso mundial que tiene origen en la violencia de las dictaduras genocidas del cono sur de América en la década del 70 del siglo pasado.
Se trató de un programa nominado como “neoliberal” que fue introducido en Gran Bretaña y en EEUU bajo gobiernos de restauración conservadora en los años ´80.
Las violencias de las dictaduras del sur se extendieron al proceso violento para disciplinar a las organizaciones sindicales, sociales y políticas en el norte imperialista.
Con ello, darle curso y orientación al nuevo tiempo del capitalismo en este último medio siglo.
La violencia es la constante del origen, el desarrollo y la perspectiva del capitalismo global, a menos que las resistencias le pongan freno y constituyan las condiciones para nuevas formas de organización económico, social y cultural de la sociedad, en armonía con la naturaleza.
II – Intervención militar, ideológica, política y cultural
El capitalismo es una relación social contradictoria, de explotación y saqueo, en tanto base material de la sociedad civil, según aprendimos con Karl Marx en su Introducción a la crítica de la economía política.
La desposesión fue el mecanismo de subordinación de una mayoría social al régimen del capital.
Es la base sobre la que se construyó y reconstruye recurrentemente el orden capitalista.
Son dos aspectos simultáneos, la desposesión de las personas y la liberación de territorios para la apropiación privada.
Constituyen las bases para la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes.
Es un hecho la tendencia mundial a la extensión de la desposesión de amplias capas de la población que sobreviven vendiendo su fuerza de trabajo, pero ya no bajo regímenes de seguridad social que se extendieron durante el siglo XIX y XX con base en organización y lucha de trabajadoras y trabajadores.
Como también es una realidad la exacerbada explotación de los bienes comunes o “recursos naturales” para extraer las materias primas esenciales demandadas por el capital concentrado en tiempos de innovación tecnológica acelerada.
La inteligencia artificial, la internet de las cosas o la robótica demandan cuantiosas cantidades de litio, cobre, tierras raras, agua, además de hidrocarburos y minerales en general, imprescindibles para la producción contemporánea.
Esa demanda del capital concentrado pone en juego a los Estados en la disputa territorial, esencial en el caso estadounidense que siente amenazado su poder global logrado hacia 1945.
Hay que considerar que el mundo unipolar imaginado hacia 1991, con la desaparición de la URSS y el bloque socialista, devino, con el crecimiento de China, en una disputa abierta por el poder global del régimen del capital.
La discusión es quien ejerce el poder en el régimen del capital y EEUU defiende y disputa esa posición desde la economía, la política, la cultura y la violencia.
El poder mundial del dólar es el punto más fuerte de la dominación económica de Washington.
La moneda estadounidense es la síntesis del poder en el orden monetario mercantil global. Las reservas internacionales de la mayoría de los países están en dólares, más allá de una tendencia histórica declinante. Los intercambios comerciales y financieros son aun mayoritarios en dólares estadounidenses.
Para frenar a la competencia de China y las articulaciones con otros países, el poder de EEUU se juega en sanciones unilaterales a variados países, negociando y renegociando, tal como se visibiliza desde la guerra de aranceles al inicio del segundo mandato de Trump en 2025.
Las sanciones son medidas dilatorias en tanto avanza el difícil plan de reindustrialización que intenta Donald Trump. Mientras eso ocurre, impulsa una política externa de concentración de la dominación en el “hemisferio occidental”, o sea, América Latina y el Caribe.
Por eso, junto a la confrontación con China y aliados (Rusia, Irán, entre otros) y la domesticación de Europa, consolida su estrategia en la dominación sobre América Latina y el caribe.
La apuesta es a ganar el consenso electoral para las derechas en la región latinoamericana y caribeña, desde los lugares logrados en Argentina, El Salvador, Ecuador, Chile y en otros países subordinados a la lógica de la política exterior estadounidense.
Por eso la apuesta fuerte reciente en Perú o Colombia, como próxima en Brasil e incluso México. La intención es colorear a toda la región con los imaginarios que surgen del orden propiciado por MAGA, con centro en EEUU y el continente americano, por lo cual avanza sobre Canadá y Groenlandia.
La estrategia es económica, política, militar, ideológica y cultural, intentando ganar consenso, pero también ejercer coerción para imponer una lógica de orden determinado en el capitalismo contemporáneo, especialmente en la región latinoamericana y caribeña.
EEUU es la mayor potencia militar, con un gasto bélico que supera ampliamente a las otras potencias militares, con suficiente poder para inducir la ampliación del gasto militar global.
Lo lógica apunta a exacerbar los mecanismos de consenso a la dominación, tanto como los procesos de coerción, económicos, políticos o militares.
En definitiva, existe una tendencia al cambio en las reglas instaladas en el orden global definido en 1945.
Son reglas actualizadas a favor de la hegemonía estadounidense hacia 1971 con la “inconvertibilidad” del dólar y en 1991 ante la desarticulación de la Unión Soviética y el desmantelamiento de la bipolaridad socialismo – capitalismo hacia 1991.
III – Argentina como ensayo y “modelo”
La novedad de la presidencia de Javier Milei resulta interesante para considerar la subordinación a la lógica de dominación de EEUU, en un tiempo de crisis mundial capitalista y de discusión sobre la hegemonía del sistema.
Milei, expresión de la ultraderecha en expansión en el mundo, se ofrece como experiencia a liderar el rumbo de esa reaccionaria corriente.
Su argumentación esencial: el libertarismo, supone la confrontación ideológica contra la intervención del Estado en el orden económico.
El argumento sostenido es la “libertad de mercado” a ultranza, recuperando las categorías originarias del liberalismo y el orden capitalista: el libre comercio, la libre competencia o la libertad de mercado.
Lo que pretende es desarmar el consenso en torno al Estado interventor, generalizado por las políticas keynesianas en todo el mundo desde 1945 y bajo la orientación de la CEPAL desde su creación en 1948.
Para Milei, lo esencial es la batalla cultural, lo que supone desarmar el consenso mayoritario relativo a objetivos del desarrollo construidos por décadas, respecto de la planificación económica y la intervención estatal en el abordaje de las soluciones a las demandas de la sociedad.
En ese marco, son dos las tareas estratégicas del gobierno Milei.
Una está asociada al ajuste fiscal, que implica achicar el gasto público y desarticular sectores estratégicos de la intervención estatal directa, especialmente en materia de derechos, caso de la salud y la educación públicas, entre otras.
La otra tiene que ver con la reconfiguración del modelo productivo y de desarrollo, la reestructuración del capitalismo local y su inserción en el sistema mundial con base en la oferta del territorio argentino a las inversiones externas en bienes comunes, y en todo caso su industrialización.
Ambas tienen por objeto rediseñar el funcionamiento del capitalismo local y ofrecer el territorio y la población a la funcionalidad del gran capital.
Emergen así nuevos territorios para la acumulación capitalista más allá de la región pampeana, destacando aquellos en los que se encuentran los recursos mineros y energéticos, junto a las condiciones climáticas para el asentamiento de centros de datos.
Se trata de un accionar de décadas, entre 1975/76 y el presente, iniciado bajo el lema de la modernización y la reforma estatal, favoreciendo una lógica de privatizaciones y aliento a la iniciativa privada.
Una dinámica resuelta vía la disputa del consenso y mecanismos de coerción, actuando en diferentes ámbitos de la vida social.
No sorprende en ese sentido el ataque a la “educación pública” en un país con importante tradición en todos los niveles de la educación: primaria, secundaria y universitaria.
Desmantelar la tradición educativa y afirmar una lógica pedagógica orientada por el capital privado es una apuesta fuerte de la ultraderecha.
Para las derechas, la educación no es un derecho, sino un servicio que se compra y se vende en el mercado, afianzando el carácter monetario mercantil de la sociedad contemporánea.
En la educación se juega de manera importante lo que el gobierno define como “batalla cultural”, asociado a un trabajo ideológico en medios y redes sociales para afirmar el rumbo de subordinación, cuyo efecto principal es la pérdida de soberanía.
Con esas condiciones culturales instaladas en la sociedad se avanza en la privatización de la salud y un conjunto de derechos sociales; de la energía y en definitiva se propicia la extranjerización de la economía, con pérdida de soberanía.
Son cambios estructurales en el capitalismo local para afirmar nuevos territorios de la acumulación capitalista, ampliando la tradicional explotación de la pampa húmeda del modelo agroexportador hacia la producción y exportación minera, energética y de la economía del conocimiento, todo en el marco de la subordinación financiera del endeudamiento externo monitoreado por el FMI.
Más de dos años y medio de gestión libertaria en Argentina, entre diciembre de 2023 y julio del 2026, devuelve el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población.
Al mismo tiempo que bajo la reorganización estructural del orden económico, el país muestra datos de crecimiento económico que el gobierno utiliza como propaganda para instalar sus objetivos estratégicos.
Argentina está subordinada a la política exterior de EEUU, al tiempo que define una propuesta de reorganización socioeconómica consensuada electoralmente.
En simultáneo, despliega mecanismos de represión al conflicto e involucramiento en las hipótesis de guerra del imperialismo.
La experiencia pretende ser asumida globalmente como modelo de reconfiguración de las relaciones capitalistas de producción.
IV – Síntesis
Lenin, en su clásico análisis sobre el Imperialismo, en 1916, colocó a la Argentina como ejemplo de país independiente en el ámbito político, pero dependiente en lo económico.
El proceso de independencia política de la Argentina se desplegó entre 1810 y 1816, manifestándose en “contra de toda dominación extranjera”, no solo respecto del colonialismo impuesto por la corona española, sino en contra de las pretensiones de otras potencias capitalistas, especialmente de Inglaterra, quien ocupó territorio nacional ocupado: las islas Malvinas.
Argentina desarrolló el capitalismo de manera subordinada a las potencias imperialistas, especialmente a Gran Bretaña y a EEUU.
El dato relevante es que, en la actualidad, desde la Argentina se impulsa una lógica de reorganización sistémica que pretende ser ejemplo de liberalización en el ámbito mundial.
No solo se abre al capital externo para la explotación y el saqueo, sino que se constituye en modelo de liberalización con consenso electoral.
La ocupación no es solo territorial y violenta, sino cultural consensuada en el marco de la democracia electiva, manipulada mediante redes y medios de comunicación orientados por el capital transnacional.
Es una estrategia integral del régimen del capital que acontece en nuestro territorio y se constituye como ensayo a replicar para una nueva etapa del desarrollo capitalista mundial.
Bibliografía:
Karl Marx. El Capital, Tomo I, sección 7ma, capítulo XXIV “La llamada acumulación originaria”. Traducción de Pedro Scaron, Editorial Siglo XXI, Argentina 2004.
Peter Linebaugh y Marcus Rediker. “La hidra de la revolución. Marineros, esclavos y comuneros en la historia oculta del Atlántico”, Edición Tinta Limón, Argentina 2024.
El blog de Julio C. Gambina. https://juliogambina.blogspot.com/






