Fuente: Creado con IA
Uno de los temas propuestos para esta nueva edición de PoliTeknik era el siguiente: “El Ser Humano como Mano de Obra, la Mano de Obra como Excedente de Producción y el Excedente de Producción como Masa de Liquidación ¿Mano de Obra?’”. Nadie ha definido mejor que Karl Marx lo que es la mano de obra.
Escribió lo siguiente sobre el trabajo y la mano de obra:
El trabajo es, ante todo, un proceso en el que participan tanto el ser humano como la naturaleza (página 193), en el que el ser humano inicia, organiza y controla a su antojo las interacciones materiales entre él mismo y la naturaleza. Con el fin de obtener los productos de la naturaleza en una unidad adecuada a sus propias necesidades, el ser humano se enfrenta a ella como una de las fuerzas de la naturaleza, movilizando sus brazos, piernas, cabeza, manos y las fuerzas naturales de su cuerpo. Influenciando así en el mundo exterior y transformándolo, también transforma su propia naturaleza. Desarrolla sus fuerzas dormidas y las obliga a actuar como él desea (MEW 23, 193)***.
No obstante, el trabajo productivo es parte integrante del conjunto social en el que se desarrolla o del que queda excluido. Porque, para vivir, el trabajo humano debe estar necesariamente en relación con la naturaleza, es decir, en interacción con la naturaleza tal y como la transmite la sociedad. Esta relación se presenta ante el trabajo productivo sobre todo en forma de mercancía. No obstante, ¿qué es lo que convierte a la mercancía en mercancía y qué mercancía posee el trabajador para ofrecer? En la sociedad capitalista, donde la separación de la propiedad y el trabajo se refleja como una ley inevitable, ¿cómo se regula ese intercambio?
Este intercambio se regula en función del valor de la mercancía, lo que significa algo que surge exclusivamente en el marco de la forma de mercancía y que, desde el punto de vista social, es algo natural o sobrenatural (ibíd. 85). Pero, ¿qué es ese valor que debe distinguirse de manera absoluta de su valor natural, es decir, de su valor de uso? Entonces, ¿qué es la mano de obra como única mercancía que posee el trabajador?
“Solo con la simple aportación de una determinada cantidad de trabajo se añade un nuevo valor” […] “El valor solo existe en los bienes y objetos útiles para el uso; dejamos aquí fuera de consideración la representación del valor en monedas fiduciarias, que es totalmente simbólica (página 218). (Si consideramos al ser humano como el representante personificado de la fuerza de trabajo, el ser humano, aunque es en sí mismo un ser vivo y consciente, es también un objeto natural, una cosa; y el trabajo es la manifestación, la revelación de esa fuerza que hay en él.) Por lo tanto, si una mercancía pierde su utilidad, también pierde su valor“ (ibíd. 216 y siguientes)***.
En la época en que Marx desarrolló su teoría del valor, la fuerza era la expresión física de la energía (Toulmin 1993, 218 y siguientes; Jantzen 2013). Considerar al ser humano como la “mera existencia de la mano de obra” equivale a considerarlo como energía potencial. En el caso del trabajo asalariado, esta mano de obra se adquiere al menor coste posible, en forma de energía cinética, con el fin de transformar, durante el proceso de trabajo, los instrumentos y objetos que son propiedad privada del capitalista en mercancías con el objetivo de obtener beneficio. Mediante el uso de la energía cinética del trabajador (la mano de obra) se crean productos laborales comercializables. La venta de estos productos como mercancías (la reconversión de la energía potencial en energía cinética) queda al servicio del capitalista en forma de dinero (energía potencial) para ser utilizada en el siguiente ciclo.
Pero si la mano de obra de las personas se reduce a una “mano de obra de bajo valor”, si no está lo suficientemente desarrollada en función del estado de las fuerzas productivas o si no parece que pueda desarrollarse, ¿a qué conduce esto? La mano de obra abstracta, creadora de valor, depende siempre de la existencia del trabajo concreto, que crea valor de uso. Si esto no se consigue o si la mano de obra se desplaza hacia países donde es barata, la existencia material del trabajo activo solo se mantiene para garantizar la continuidad del dominio en las condiciones sociales dadas.
Transformar estas condiciones para aumentar los beneficios (mediante desgravaciones fiscales a los ricos), refinanciando los ingresos públicos en descenso mediante la privatización de la sanidad, la educación y el ámbito social, es decir, mediante restricciones a los derechos sociales que proporcionan nuevos beneficios a los inversores, es el objetivo de este proyecto neoliberal, de la Sociedad de Mont-Pèlerin o, dicho de otro modo, de la economía de los „Chicago Boys“, fieles a Hayek y Friedman. Junto con los métodos de tortura desarrollados por la CIA en colaboración con psiquiatras estadounidenses, este proceso pone de manifiesto con toda su crudeza el cuarto principio del neoliberalismo: acabar con la solidaridad. Las intervenciones contra los Estados latinoamericanos que buscan sus propios caminos hacia la justicia social son un ejemplo de ello. Esto queda claramente demostrado en el caso de los quebrados argentinos, trabajadores políticamente activos que se vieron obligados a delatar a sus amigos y compañeros bajo tortura (Klein 2007).
De hecho, este neoliberalismo se manifiesta en las leyes Hartz IV aprobadas bajo el Gobierno de Schröder y en la mercantilización del ámbito social, y no solo, una vez más, en los planteamientos neofascistas de la AfD (que, por cierto, ha incorporado en gran medida a la Unión Hayek a sus filas), sino también en ciertos sectores de la CSU, en las políticas de asilo y de interior del Gobierno de coalición y, por supuesto, en el FDP, que muestra su adhesión al grupo de los „Chicago-Boys“.
Sin embargo, este proceso de explotación, considerado como “el primer derecho humano del capital” (Marx, ibíd. 09), encuentra sus límites naturales tanto en la existencia de la mano de obra viva como en la de la naturaleza. Al mismo tiempo, para ser lo más invisibles posible, es necesario que se produzca una transformación hacia procesos que den sentido y atraigan a aquellas personas para quienes la religión ocupa el primer lugar. Sin embargo, del mismo modo, es necesario que se produzca una transformación no solo frente a todo tipo de poder populista, sino también respecto a los procesos de convocatoria que se han revestido del nuevo estandarte de las libertades personales de la revolución electrónica impulsada por Facebook, Twitter y demás. Según los filósofos franceses Deleuze y Foucault, los procesos de control y disciplina sociales se desplazan hacia su propia esencia como gobernanza. Desde allí, esa esencia se acepta como norma para todos los demás. La debilitación de la solidaridad según la ideología neoliberal se está generalizando cada vez más. Pero, al mismo tiempo, existe otra parte que se opone con un „no“ absoluto y decidido a los dominantes y a esta política. Así lo ha resumido el filósofo latinoamericano Enrique Dussel.
“El otro es el único ser sagrado que merece respeto ilimitado”. Pero “para escuchar la voz de los demás, primero hay que ser ateo frente al sistema” (Dussel 1989, 75). “Rechazar la divinidad del capital […] es la primera condición para afirmar un absoluto no deísta” (ibíd., p. 115).
En este sentido, una psicología basada en la liberación tiene como objetivo, al mismo tiempo, hacer oír la voz de los demás y promover la transformación democrática. „¡Debemos denunciar y rechazar como cosas sin futuro todos los sistemas políticos, actividades e instituciones bajo cuyos efectos negativos sufren las víctimas, los oprimidos y los marginados!“ (Dussel 2013, 107). En la teoría política del sur se han analizado en profundidad las vías de la emancipación; sin embargo, en el norte suelen pasarse por alto (véase Jantzen 2015).
Le debo a mi colega Simone Danz la traducción al alemán del concepto de „ableism“» como „fascismo de talento. [P. 286 in: “Menschenwürde – Menschenrecht –
Ableismus”. In: Behindertenpädagogik 56, (2017) 3, 283 – 292].
¡Muchas gracias, Simone, por esta traducción tan acertada!
*** Karl Marx, El Capital, Volumen I, Páginas 180-181, 6a Edición Sol Yayınları, Ankara, 2000.
*** Karl Marx, El Capital, Volumen I, Página 202 6a Edición, Sol Yayınları, Ankara, 2000.
Fuentes:
Aguiló Bonet, A.J. (2013): Die Würde des Mülls – Globalisierung und Emanzipation in der sozial- und politischen Theorie von Boaventura de Sousa Santos. Berlin
Dussel, E. (1989): Philosophie der Befreiung. Berlin
Dussel, E. (2013): 20 Thesen zu Politik. Münster
Jantzen, W. (2013): Marxismus als Denkmethode.
http://www.marx-engels-stiftung.de/Texte/Jantzen_Marxismus-als-Denkmethode.pdf
Jantzen, W. (2015): Inklusion und Kolonialität. In: Jahrbuch für Pädagogik, 241-254
Klein, N. (2007): Die Schock-Strategie. Frankfurt/M.
Marx, K. (1970): Das Kapital. Bd. 1. MEW Bd. 23. Berlin
Toulmin, S. (1983): Kritik der kollektiven Vernunft. Frankfurt/M.
Notas editoriales:
** Nuestro estimado autor y colaborador, el Prof. Dr. Wolfgang Jantzen, falleció en 2020
* Este artículo se publicó por primera vez en 2018 en el número 19 de la revista impresa PoliTeknik.










