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El Posicionamiento Global del PROYECTO ARTÍCULO 26 en Tiempos de Ilegalidad Internacional y Antihumanidad

Lachhman Ajay
Miembro Ejecutivo de MTUC
El Congreso Sindical de Mauricio

Estimados académicos, líderes sindicales y colegas,

El Proyecto Artículo 26 surgió de la convicción de que el derecho a la educación, consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, debe renovarse y extenderse para adaptarse a las realidades de nuestro tiempo.

Casi diez años después de su lanzamiento, el mundo ha entrado en lo que muchos describen como un período de crisis múltiples — guerra, inestabilidad económica, erosión democrática, transformación digital y violaciones abiertas del derecho internacional.

¿Por qué el Proyecto Artículo 26 debe posicionarse a nivel mundial?

Porque la educación ya no se configura únicamente dentro de las fronteras nacionales.

El movimiento del capital, la mano de obra, la tecnología y la inteligencia artificial trasciende las fronteras. Las decisiones que se toman en un país afectan a estudiantes y trabajadores de todos los continentes. Un enfoque puramente nacional o incluso regional no puede defender el derecho humano a la educación en este sistema interconectado.

En las décadas de 1950 y 1960, la lucha se centró en la brecha educativa — el acceso a la escuela y la alfabetización, especialmente en las sociedades poscoloniales. Muchos países realizaron importantes inversiones en educación tras la independencia.

Hoy en día, la brecha ha cambiado.

Ahora nos enfrentamos a una brecha digital — una brecha en el acceso a las infraestructuras del conocimiento, las tecnologías de IA, el poder de investigación y la soberanía intelectual.

La pregunta que debemos hacernos es:

¿Estamos educando a seres humanos libres — o produciendo recursos humanos para los mercados globales?

Existe una creciente tendencia a diseñar sistemas educativos en torno a las cadenas de suministro de mano de obra. En este modelo, los seres humanos corren el riesgo de convertirse en productos económicos en lugar de ciudadanos autónomos.

En tiempos de ilegitimidad internacional, en los que se violan abiertamente las normas internacionales y se debilitan las instituciones, la educación se vuelve aún más vulnerable a la privatización, la militarización y el control ideológico.

Por eso, el posicionamiento global del Proyecto Artículo 26 no es opcional — sino necesario.

Debemos defender la educación no solo como acceso a la escolarización, sino como:

  • Un pilar de la democracia
  • Una condición para la paz
  • Una salvaguarda contra la antihumanidad
  • Un espacio para la dignidad cultural y la soberanía intelectual

El posicionamiento global no significa uniformidad.

Esto significa solidaridad entre continentes, respetando al mismo tiempo las historias, culturas y aspiraciones locales.

Esto significa garantizar que la educación sirva al desarrollo humano, la paz mundial y el progreso colectivo — y no solo a la explotación económica.

En África, el derecho a la educación fue fundamental para los movimientos independentistas. Tras el dominio colonial, muchos países situaron la educación en el centro de la construcción nacional.

Países como Zambia invirtieron fuertemente en la educación pública tras la independencia, reconociendo que la libertad política sin desarrollo intelectual seguiría siendo incompleta.

En Mauricio, la inversión a largo plazo en la educación universal contribuyó de manera significativa a la estabilidad social y la transformación económica.

A lo largo del continente, los presupuestos educativos se convirtieron a menudo en símbolos de soberanía.

Hasta figuras polémicas como Muammar Gaddafi promovieron visiones educativas panafricanas, haciendo hincapié en la autodeterminación continental en la producción de conocimiento.

Estos ejemplos nos recuerdan que la educación en África nunca ha sido meramente técnica — sino que siempre ha sido política, emancipadora y vinculada a la dignidad.

No obstante, en la actualidad, el reto ha pasado del acceso a la soberanía en los sistemas de conocimiento.

Para que el Artículo 26 siga vivo, debe evolucionar.

Y su evolución debe ser moldeada no solo por los Estados, sino también por los educadores, los trabajadores, los estudiantes y los movimientos sociales de todo el mundo.

Gracias.