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El Proyecto Artículo 26 y el Futuro del Derecho a la Educación

Hileni Indilah Shikongo
2o Vicepresidenta (Sindicato de Docentes de Namibia)

Estimados colegas, socios y amigos,

Gracias por la oportunidad de reflexionar sobre el futuro del Proyecto Artículo 26 en este momento crítico de la historia mundial. Las Naciones Unidas, que en su día se concibieron como guardianas morales y legales de la paz mundial y la dignidad humana, se ven cada vez más debilitadas por la opresión política, el cumplimiento selectivo y la desigualdad estructural. Junto con esta erosión, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, especialmente sus derechos sociales y económicos, se está tratando como algo opcional en lugar de fundamental.

El Proyecto Artículo 26 se creó precisamente para responder a esta crisis. Nos recuerda que la educación no es un privilegio, una caridad ni una mercancía del mercado. Es un derecho humano fundamental, imprescindible para la libertad, la participación democrática y la justicia social. Si se menoscaba la DUDH, el derecho a la educación es uno de los primeros en verse afectado.

Mirando hacia el futuro, el Proyecto Artículo 26 debe posicionarse como guardián e innovador. Primero, debe defender el espíritu original del Artículo 26 de la DUDH: una educación gratuita, inclusiva y de calidad, orientada al pleno desarrollo de la personalidad humana y al respeto de los derechos humanos. Segundo, debe ampliar esta visión para enfrentar las realidades de hoy, que son la desigualdad digital, la falta de fondos para la educación pública, los conflictos y la creciente exclusión social.

Defender el derecho a la educación hoy requiere actuar en varios niveles. A nivel global, el Proyecto Artículo 26 puede seguir desafiando el déficit democrático dentro del sistema de la ONU al amplificar las voces de los educadores y los estudiantes. Los sindicatos de docentes y los organismos profesionales pueden actuar como guardianes de la justicia educativa. Las políticas educativas no deben estar determinadas únicamente por intereses políticos o económicos, sino por las realidades vividas por las personas sobre el terreno.

A nivel nacional y local, la educación debe protegerse como un bien público. Esto es especialmente relevante para países como Namibia. Namibia ha logrado avances notables desde su independencia al dar prioridad al acceso a la educación básica y armonizar su sistema educativo con los principios constitucionales y de derechos humanos. No obstante, siguen existiendo retos: las desigualdades entre las escuelas urbanas y rurales, los recursos limitados, la escasez de docentes y las barreras a las que se enfrentan los alumnos con discapacidad o procedentes de comunidades vulnerables.

El Proyecto Artículo 26 hace referencia directa a estas realidades. Por ejemplo:

  • Refuerza el compromiso de Namibia con la educación inclusiva, garantizando que ningún alumno se quede atrás por motivos de pobreza, geografía o discapacidad.
  • Fomenta el aprendizaje durante toda la vida, algo vital en Namibia, donde los jóvenes se enfrentan al desempleo y a un mercado laboral en rápida evolución.
  • Refuerza la educación cívica, ayudando a los alumnos a comprender la democracia, los derechos humanos y su papel como ciudadanos activos.

En conclusión, el futuro del Proyecto Artículo 26 depende de nuestra determinación colectiva. En un mundo en el que la ONU y la DUDH se encuentran bajo presión, este proyecto no solo no pierde relevancia, sino que se vuelve más necesario. Al defender y extender el derecho humano a la educación, no solo protegemos a los alumnos, sino que protegemos la democracia, la paz y el futuro de la propia humanidad.

Asegurémonos de que el Proyecto Artículo 26 siga siendo una voz de conciencia, acción y esperanza.

Gracias.