Mosuli Cwele Secretario
General del Consejo Juvenil de Sudáfrica (SAYC)
Honorables miembros, estimadas organizaciones y dinámicos jóvenes de Sudáfrica,
Para mí es un honor encontrarme hoy aquí ante ustedes y tener la oportunidad de abordar los retos fundamentales a los que se enfrentan nuestro país y el mundo. Como jóvenes, somos los arquitectos del futuro de la sociedad, y es nuestra responsabilidad comprender el contexto global en el que vivimos.
En el transcurso de la historia, la lucha entre el socialismo y el capitalismo ha marcado el destino de las naciones. En la actualidad, observamos cómo el capitalismo, impulsado por el imperialismo y la codicia, sigue explotando los recursos, agravando las desigualdades y amenazando la paz mundial. El dominio constante de las potencias imperialistas, especialmente a través de instituciones como las Naciones Unidas, no suele favorecer los intereses de las comunidades oprimidas y marginadas, incluida la nuestra.
En Sudáfrica aún podemos ver las huellas del colonialismo y el apartheid, que nos recuerdan las luchas del pasado y las que aún hoy se libran por la soberanía, la igualdad y la justicia. Nuestros jóvenes deben mantenerse firmes frente a las influencias neocoloniales, la explotación económica y las injusticias sociales. Debemos recordar que el verdadero poder reside en la clase trabajadora y en los oprimidos, quienes pueden liderar la marcha hacia un futuro más justo y socialista.
El sistema global actual se caracteriza por una desigualdad creciente, en la que el 1% más rico controla una parte desproporcionada de la riqueza, mientras que la mayoría tiene dificultades para acceder a los servicios básicos y a las oportunidades. Este desequilibrio fomenta el malestar social y obstaculiza el desarrollo. Es evidente que el capitalismo, tal y como funciona hoy en día, nunca resolverá estas injusticias; al contrario, las perpetúa.
Nuestra lucha tiene que estar basada en una claridad ideológica. Necesitamos crear conciencia sobre la importancia de la justicia social, la igualdad económica y la redistribución de la riqueza. Debemos abogar por un nuevo orden internacional que sea democrático y refleje verdaderamente la voluntad de los pueblos, en el que la voz de cada país represente a su población y en el que sea posible un cambio revolucionario.
En esta coyuntura mundial, Sudáfrica desempeña un papel fundamental. Somos parte de un continente y de un mundo que se resiste cada vez más al dominio imperialista. Los países africanos están liberándose de las influencias coloniales y luchando por la autodeterminación. Nuestros jóvenes deben encabezar este movimiento, creando un frente unido para hacer frente a los sistemas económicos y políticos que nos oprimen.
La reubicación de instituciones mundiales, como las Naciones Unidas, no es solo un gesto simbólico, sino una medida estratégica para recuperar la soberanía y dar poder a los oprimidos. Debemos luchar por una ONU reformada que sea verdaderamente democrática, en la que se suprima o se reestructure radicalmente el Consejo de Seguridad, y en la que las decisiones se basen en la voluntad del pueblo, no en los intereses de las potencias imperialistas.
Como jóvenes, también debemos reconocer la importancia de la lucha ideológica. La educación, la concienciación y el activismo social son nuestras herramientas para cuestionar los discursos que sostienen el capitalismo y el imperialismo. Debemos unirnos más allá de las fronteras, aprender de los movimientos revolucionarios de todo el mundo y forjar un camino hacia el socialismo en el que la riqueza, los recursos y el poder se compartan de forma equitativa.
Por último, cabe recordar que nuestro futuro depende de la acción colectiva que emprendamos hoy. Debemos permanecer unidos, resistirnos a la explotación imperialista y capitalista, y luchar por un mundo basado en la justicia, la igualdad y la paz.
Juntos, como jóvenes de Sudáfrica y del mundo, podemos construir un movimiento capaz de transformar la sociedad y allanar el camino hacia un nuevo futuro socialista.










