Nundkeswarsing Bossoondyal
Director del Consejo de Estudiantes y
Movimiento Juvenil de Mauri
(COSYMMAURITIUS) fue fundada el 22 de septiembre de 1971. COSYMMAURITIUS es el promotor del Consejo Juvenil de la SADC junto con WAY y la Organización de Estudiantes y Jóvenes No Alineados, una ONG internacional fundada el 30 de abril de 1992 en Bagdad.
El hecho de que la sede de las Naciones Unidas continúe estando ubicada en los Estados Unidos representa una contradicción estructural que socava los fundamentos mismos del multilateralismo, la igualdad soberana y la justicia internacional. Para los países del Sur Global y el Movimiento de Países No Alineados, la cuestión del traslado de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya no es simbólica—sino un imperativo arraigado en la lucha interminable contra la dominación, la coacción y el control neoimperialista de la gobernanza mundial.
Estados Unidos, como país sede, infringió en varias ocasiones sus obligaciones en virtud del Acuerdo sobre la Sede de las Naciones Unidas al impedir la entrada de líderes y representantes debidamente acreditados de Estados Miembros soberanos, entre ellos China, Cuba, Venezuela y Palestina. Dichas acciones equivalen a discriminación política y castigo colectivo, lo que contraviene directamente los principios de universalidad e inclusión que las Naciones Unidas deben defender.
El hecho de que un Estado anfitrión utilice las visas, las fronteras y el control administrativo como arma para silenciar las voces disidentes es fundamentalmente incompatible con el espíritu y la letra de la Carta de las Naciones Unidas.
Desde hace décadas, el Sur Global ha sido testigo de la erosión sistemática de la integridad de las Naciones Unidas —en particular en el Consejo de Seguridad— a través de la coacción, la intimidación y el abuso de poder por parte de los Estados dominantes. En 1988, la AGNU (la Asamblea General de las Naciones Unidas) se vio obligada a trasladarse a Ginebra para darle espacio al líder Yasser Arafat, el líder del pueblo palestino, para que pudiera hablar en la Asamblea General. Desde ese momento, se escucharon voces progresistas sobre la reubicación de la sede de la ONU fuera de los EE. UU.
Durante momentos críticos de crisis internacional, como las Guerras del Golfo, se usaron presiones, incentivos y manipulación política para forzar resultados que servían a intereses geopolíticos limitados en lugar de la seguridad colectiva o el derecho internacional.
Este constante desequilibrio hizo que el Consejo de Seguridad fuera cada vez menos representativo, menos democrático y más alejado de la realidad y las aspiraciones de la mayoría de la humanidad.
La credibilidad de las Naciones Unidas está aún más en peligro por su ubicación física en un país que es miembro permanente del Consejo de Seguridad y que, durante décadas, ha seguido políticas de agresión militar, ocupación, cambio de régimen e intervención unilateral contra Estados soberanos del Sur Global. La devastación de Irak y Libia, la desestabilización continua en todas las regiones y las recientes amenazas y acciones dirigidas contra Venezuela son un claro recordatorio de la aplicación selectiva del derecho internacional y de la impunidad de que gozan los Estados poderosos. Tal conducta vulnera de manera directa los principios de soberanía, no injerencia y coexistencia pacífica defendidos por el Movimiento de Países No Alineados.
En respuesta a esta injusticia estructural arraigada, el Sur Global debe promover una alternativa transformadora y equitativa. La sede de las Naciones Unidas debería trasladarse fuera de los Estados Unidos y ubicarse de forma rotatoria entre las regiones, incluidas África, Asia y Europa, en un plazo de diez años.
Este modelo, inspirado en el liderazgo por rotación de la Asamblea General de las Naciones Unidas, encarnaría un multilateralismo auténtico, la responsabilidad compartida y la equidad geográfica. Las instalaciones existentes de las Naciones Unidas en Nueva York podrían seguir funcionando como sede regional, garantizando la continuidad institucional y poniendo fin a la influencia monopolística del Estado anfitrión.
Los recientes desarrollos en los Estados Unidos, incluido el establecimiento de iniciativas de «paz» con fines políticos, junto con la continua militarización y los regímenes de sanciones, ponen aún más de manifiesto la contradicción entre la retórica y la realidad. Estas acciones reafirman la percepción de que el sistema de las Naciones Unidas está cada vez más subordinado al poder unilateral en lugar de regirse por la voluntad colectiva.
Para el Sur Global y el Movimiento de Países No Alineados, este momento exige valentía y claridad política. Ha llegado el momento de que los Estados Miembros inicien un proceso formal, colectivo y transparente para trasladar la sede de las Naciones Unidas fuera de los Estados Unidos.
Dicha decisión marcaría un paso histórico hacia la descolonización de la gobernanza global, el restablecimiento del equilibrio en las instituciones internacionales y la reafirmación de la visión fundacional de las Naciones Unidas: un orden mundial basado en la igualdad, la justicia, la coexistencia pacífica y el respeto de la soberanía de todas las naciones—grandes y pequeñas, poderosas y vulnerables por igual.
Una institución democrática multilateral equilibrada y efectiva, como las Naciones Unidas, tiene que tener total libertad para ejercer su independencia y cumplir con su misión como guardiana global del bienestar de la humanidad, de acuerdo con los principios y propósitos que están en la Carta de las Naciones Unidas. A este respecto, el establecimiento de la Sede de las Naciones Unidas en un lugar verdaderamente neutral, situado fuera del territorio de los Estados Unidos, es esencial para salvaguardar la autonomía institucional, la imparcialidad y la credibilidad de la Organización.










