Camarada Justice
Sindicato de Trabajadores de Diamantes y Minerales Afines de Zimbabue (ZDAMWU)
Presentación realizada en el Debate Internacional sobre el Proyecto del Artículo 26, 1 de Marzo de 2026
Introducción
Es un honor participar en este debate tan crucial en un momento crítico para la humanidad y para el sistema internacional establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Durante la última década, el Proyecto Artículo 26 ha servido tanto como un llamamiento moral como un marco político—diseñado no solo para defender la idea abstracta de los derechos universales, sino también para renovar activamente la práctica de la cooperación internacional para el bien común de todos los pueblos.
El proyecto, concebido hace diez años y lanzado oficialmente en enero de 2017, representa una contribución distintiva a los debates contemporáneos sobre la gobernanza global. Por lo tanto, en esencia, es un llamamiento a la democratización de las Naciones Unidas y del sistema multilateral en general, una exigencia de que estas instituciones sirvan verdaderamente a la familia humana, en lugar de a intereses geopolíticos o corporativos limitados.
La Crisis Contemporánea del Multilateralismo
Hoy en día, nos enfrentamos a un mundo en el que los principios fundamentales del multilateralismo se encuentran profundamente desestabilizados. Los Estados poderosos actúan cada vez más al margen de los marcos jurídicos establecidos; las instituciones mundiales luchan por reflejar la voluntad democrática de sus poblaciones constituyentes; y millones de personas siguen sin tener voz efectiva en sistemas aparentemente diseñados para proteger sus intereses y su dignidad.
La erosión del respeto por la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) no es simplemente una crisis técnica o jurídica. Esto supone un reto fundamental para nuestra humanidad compartida y para el consenso posterior a 1945 que buscaba basar las relaciones internacionales en el derecho, la cooperación y la dignidad humana universal, en lugar del poder puro y duro.
Observamos:
La aplicación selectiva del derecho internacional, en la que se invocan los principios cuando conviene y se descartan cuando no conviene a los intereses hegemónicos.
La marginación de las voces del Sur Global en instituciones que reclaman una representación universal.
La creciente brecha entre los compromisos formales consagrados en los instrumentos internacionales y su aplicación práctica.
El uso del discurso humanitario como arma para justificar intervenciones que violan la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
Patrones Históricos de Crisis y Renovación
No obstante, la historia nos muestra que los periodos de regresión y decadencia institucional suelen preceder a momentos de profunda renovación y reconstrucción. Tal y como las generaciones anteriores se levantaron tras la devastación de las guerras mundiales para crear las Naciones Unidas y redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nuestra generación se enfrenta ahora a la responsabilidad —y la oportunidad— de reimaginar y reconstruir la gobernanza mundial sobre unos cimientos más sólidos de igualdad, solidaridad genuina y responsabilidad democrática.
La historia del siglo XX demuestra que los sistemas de dominación aparentemente permanentes pueden ser cuestionados y transformados mediante la acción colectiva organizada. El sistema colonial, que en su momento se presentó como natural e inevitable, fue desmantelado gracias a las luchas de los pueblos colonizados. El apartheid, defendido como inmutable por sus defensores, fue derrotado gracias a la resistencia sostenida y la solidaridad internacional.
Proyecto Artículo 26 como Renovación Democrática
El proyecto Artículo 26 encarna esta tradición de internacionalismo transformador. El proyecto recibe su nombre e inspiración del artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que no solo afirma el derecho a la educación, sino que especifica que la educación debe orientarse hacia „el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales“ y debe „fomentar la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos raciales o religiosos, y promover las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz“.
Este planteamiento es notable en varios aspectos. En primer lugar, establece que la educación está intrínsecamente vinculada a la paz, los derechos humanos y la cooperación internacional, y no es una mera habilidad técnica o credencial. En segundo lugar, concibe la educación como una herramienta para construir la conciencia y la solidaridad globales. En tercer lugar, vincula explícitamente los derechos educativos al fortalecimiento de las propias Naciones Unidas como instrumento de paz.
El Proyecto Artículo 26 insiste en que la educación, el conocimiento y la gobernanza participativa no son privilegios reservados a las élites, sino derechos universales que pertenecen a todos los miembros de la familia humana. Democratizar las Naciones Unidas no significa debilitarlas, sino completar su misión original—hacerlas verdaderamente representativas y responsables ante los pueblos en cuyo nombre dicen actuar.
Tareas estratégicas para el movimiento
Mientras evaluamos el posicionamiento de esta campaña en las condiciones actuales de inestabilidad global, se presentan varias tareas estratégicas con especial urgencia:
Defender el derecho internacional y los marcos de derechos humanos.
En primer lugar, debemos proteger y revitalizar la autoridad moral y jurídica del derecho internacional frente a las fuerzas corrosivas del cinismo y la fuerza bruta. La DUDH y los instrumentos de derechos humanos relacionados representan logros conseguidos con gran esfuerzo en luchas anteriores. Su defensa no supone una mera preservación conservadora, sino más bien la protección de herramientas legales y morales esenciales para futuros avances hacia la justicia.
Fortalecer la participación democrática en las instituciones globales.
En segundo lugar, debemos promover mecanismos concretos para la participación ciudadana en las instituciones de gobernanza global. Para ello es necesario ir más allá de la retórica de la participación de las partes interesadas y avanzar hacia una democratización sustantiva—garantizando que las voces de los trabajadores, los campesinos, los estudiantes, las mujeres, los pueblos indígenas y las comunidades marginadas sean escuchadas y tengan peso en los procesos de toma de decisiones internacionales.
La estructura actual del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, con sus miembros permanentes y sus poderes de veto que reflejan el equilibrio geopolítico de 1945, ejemplifica el déficit democrático que debe subsanarse. El Proyecto Artículo 26 ofrece un marco para articular las demandas de reforma estructural basadas en los principios de igualdad y representación universal.
Revitalizar la DUDH como Práctica Viva
En tercer lugar, debemos asegurar que el espíritu y la esencia de la DUDH se conviertan en la base viva de las relaciones internacionales, en lugar de ser solo palabras ceremoniales que se mencionan en los aniversarios. Para ello es necesario estar constantemente alerta ante los intentos de relativizar, jerarquizar o aplicar de forma selectiva los principios de los derechos humanos. Asimismo, hay que demostrar la interconexión entre los derechos civiles y políticos, por un lado, y los derechos económicos, sociales y culturales, por otro, rechazando las falsas dicotomías que sirven para fragmentar y debilitar el discurso de los derechos humanos.
Creación de Redes Educativas y Organizativas Transfronterizas
En cuarto lugar, debemos fortalecer la infraestructura educativa y organizativa que pueda sostener la construcción de movimientos a largo plazo. Esto incluye:
Desarrollar planes de estudio y enfoques pedagógicos que incorporen los principios del Artículo 26.
Crear redes que conecten a sindicatos, movimientos sociales, instituciones educativas y organizaciones de la sociedad civil más allá de las fronteras nacionales.
Elaborar y difundir materiales analíticos que conecten las luchas locales con la dinámica global.
Formar equipos capaces de articular las conexiones entre los problemas del lugar de trabajo, las preocupaciones de la comunidad y la gobernanza internacional.
Retos y Oportunidades
Los retos a los que nos enfrentamos en el Proyecto Artículo 26 y en el movimiento más amplio por el internacionalismo democrático son considerables. Nos enfrentamos a una oposición bien dotada de recursos por parte de fuerzas interesadas en mantener las jerarquías de poder actuales. Actuamos en un contexto de creciente nacionalismo, xenofobia y autoritarismo que busca desacreditar la propia cooperación internacional.
No obstante, la propia profundidad de la crisis actual también genera oportunidades. Los fallos del sistema actual son cada vez más evidentes para amplios sectores de la población mundial. Las contradicciones entre los principios declarados y la práctica real se han vuelto demasiado evidentes como para ignorarlas. Las nuevas generaciones cuestionan las ideas heredadas sobre la inevitabilidad de los acuerdos actuales.
El Proyecto Artículo 26 ofrece una visión positiva—no solo una crítica de lo que existe, sino una articulación de lo que debería ser. En un momento de desilusión con las instituciones existentes, esta dimensión constructiva es especialmente valiosa. El proyecto ofrece un marco a través del cual diversas luchas—por los derechos de los trabajadores, la justicia medioambiental, la paz, la descolonización, la igualdad de género— pueden reconocer su interés común en la gobernanza democrática global.
Conclusión
Este encuentro representa no solo una evaluación de las condiciones actuales, sino también una afirmación del compromiso continuo con la visión que animó al Proyecto Artículo 26 desde sus inicios. La tarea que nos espera es traducir esa visión en una mayor capacidad organizativa, una claridad analítica más profunda y una intervención estratégica más eficaz en los debates que darán forma al orden internacional de las próximas décadas.
Esta reunión debe marcar no solo nuestra preocupación por la crisis actual, sino también nuestra determinación de actuar como artífices de un futuro más justo. El Proyecto Artículo 26 nació como una visión expresada por un círculo reducido; ahora debe avanzar como un movimiento que unifique la justicia, la paz y el conocimiento más allá de las fronteras y los sectores.
La democratización de las Naciones Unidas y la reactivación de los derechos humanos universales no son fantasías utópicas, sino necesidades prácticas para la supervivencia y el florecimiento humanos en un mundo interdependiente. Nuestra tarea es convertir esa necesidad en realidad mediante una organización paciente, un análisis claro y una solidaridad inquebrantable.
El trabajo continúa.
Acerca del Autor
La camarada Justice es secretaria general del Sindicato de Trabajadores de Diamantes y Minerales Afines de Zimbabue (ZDAMWU), afiliado a IndustriALL Global Union, que representa a los trabajadores del sector minero de Zimbabue. Ha participado en foros regionales e internacionales sobre derechos laborales, gestión de los recursos naturales y participación democrática en las instituciones mundiales.










