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LA CLASE OBRERA MUNDIAL DEBE SER LA GARANTÍA DE LA PAZ – Müslüm Kabadayı

Fuente: Creado con IA

El ser humano, tras pasar de la etapa de cazadores-recolectores a la de productores, experimentó avances en la agricultura y la ganadería a partir de la era neolítica. La vida sedentaria del ser humano, que dio lugar a las relaciones de producción y, posteriormente, a la creación de pueblos y, más tarde, de ciudades, ha impulsado el desarrollo de las civilizaciones. Según la información que tenemos hoy en día, a lo largo de un proceso de aproximadamente 13 000 años, las capacidades creativas y productivas del ser humano han ido evolucionando hasta llegar a la etapa actual, en la que las relaciones digitales se han generalizado. La transición de la mecanización, que comenzó con la revolución industrial en la sociedad capitalista, al uso de la inteligencia artificial gracias al desarrollo de la tecnología digital ha creado importantes oportunidades en la investigación científica, la educación y la sanidad. No obstante, debido al uso de la tecnología digital en ámbitos cada vez más difíciles de controlar, como el armamento, la humanidad se ha enfrentado a grandes peligros y amenazas en cuestiones vitales como la protección de la naturaleza y la vida humana, la seguridad de las sociedades y el mantenimiento de la paz. Por lo tanto, la posibilidad de llevar una vida en condiciones de igualdad y libertad es una cuestión fundamental no solo para el futuro de los seres humanos, sino para el de todos los seres vivos del planeta.

La guerra es el factor que más amenaza el futuro de todos los seres vivos de la naturaleza, sobre todo el de los seres humanos. Tras la caída de la Unión Soviética, a pesar de que su razón de existir había desaparecido, la OTAN amplió su poder no solo en el ámbito militar, sino también en los ámbitos político, económico y diplomático; por ello, debido a los acuerdos de armamento y a las decisiones con fines bélicos adoptadas en su cumbre celebrada en Ankara los días 7 y 8 de julio de 2026, la modificación de la estructura de las Naciones Unidas y la ubicación de sus órganos ha cobrado una importancia vital. Nuestro esfuerzo por iniciar una campaña internacional para trasladar la sede de la ONU desde Nueva York (EE. UU.) es un primer paso importante, pero, en paralelo a los motivos que lo justifican, la reforma de la estructura del Consejo de Seguridad de la ONU es mucho más importante y urgente. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, desde su creación el 24 de octubre de 1945, ha sido objeto de debate, especialmente por la existencia de los 5 miembros permanentes y por el hecho de que estos utilicen su derecho de veto en beneficio de sus propios intereses, en lugar de para garantizar la paz y la seguridad mundial. La ONU, que desde 1991 ha quedado sometida al bloque imperialista liderado por EE. UU., ha comenzado a denominarse comúnmente „Naciones No Unidas“.

Nuestro mundo y la humanidad llevan aproximadamente 35 años sumidos en una situación cada vez más insegura, en la que las guerras y las masacres se han convertido en algo habitual, la naturaleza es saqueada y a todos los seres vivos se les priva de su derecho a la vida, lo que nos conduce a un futuro sin perspectivas. Se sabe que, en particular, las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, basadas en la disposición vinculante para todos los miembros del artículo 25 de la Carta de las Naciones Unidas, han provocado graves problemas debido a sus fundamentos abstractos e impositivos. El peligroso proceso iniciado tras las resoluciones 1373 y 1540 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, impulsado por las líneas de actuación de EE. UU. y, por ende, de la OTAN, con la invasión de Irak y Libia, la guerra entre Ucrania (EE. UU. + UE) y Rusia, el genocidio en Gaza (Palestina) y el ataque de EE. UU. e Israel contra Irán, está sometiendo a la humanidad a la amenaza de una 3ª Guerra Mundial. Ante esta amenaza del capitalismo mundial, de los estados imperialistas y de las empresas armamentísticas, la única garantía para la vida y la paz es la clase obrera mundial, la única fuerza que, con su trabajo, contribuye al progreso de la vida. Las fuerzas productivas más importantes son, en esencia, la clase obrera y su mano de obra, y deben proponerse, sin más demora, demostrar este poder mediante su organización internacionalista, sobre todo en la ONU. Nuestra respuesta a quienes quieran debatir sobre la legitimidad en este punto debería ser la siguiente: Los que hacen sonar los tambores de guerra son una pequeña minoría de la población mundial, mientras que la clase obrera mundial está formada por miles de millones de personas. Es la fuerza más legítima para hacer uso de todas las disposiciones del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas sobre la protección de la naturaleza y la vida, para el futuro de la humanidad. En caso necesario, logrará manifestar esta potencia de voluntad también de forma representativa.

Es necesario que los sindicatos, asociaciones, cooperativas, cámaras, colectivos y consejos que agrupan a la clase trabajadora mundial, sin distinción entre trabajadores de cuello blanco y de cuello azul, ni entre mano de obra intelectual y manual, se movilicen para cambiar la estructura del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el fin de garantizar, en el sentido más auténtico, la paz y la seguridad mundial. La primera reivindicación debe ser la de estar representados aquí. El fundamento jurídico de esta representación radica en que es la fuerza que crea todos los valores del mundo. Así pues, el motivo fundamental de esta campaña es que la reivindicación de poder llevar una vida igualitaria y libre, sin renunciar a los valores que se han creado, constituye el derecho más natural de la clase obrera mundial. Esto también fortalecerá el ánimo del gigante que lleva casi 40 años dormido para que despierte y luche por un mundo mejor y un futuro igualitario y libre.

Es una responsabilidad y un deber humano fundamental lanzar una campaña que acelere la toma de conciencia por parte de los pueblos trabajadores de todo el mundo de que los estados imperialistas y los monopolios internacionales, que hasta ahora los han dividido y explotado en función de la religión, la confesión, la nacionalidad y las fronteras, y los han enfrentado entre sí, son una lacra para la humanidad y la naturaleza.